Si tomas conciencia, multiplicas tus alternativas. Y si aumentas tus alternativas, aumentas tus posibilidades.
Esto te lleva al siguiente problema: "¿Qué alternativa elijo? No me quiero equivocar!"
Elegir implica Libertad, elegir es concretar(se) y da miedo porque implica responsabilizarse de uno mismo. Se acaba la posibilidad de "echar la culpa". Si eres libre sabes que tus decisiones las tomaste con conciencia. Ya no cabe el arrepentimiento. En ese momento fue tu decisión.
¿Cuál es el problema de base entonces? "Que os da miedo la Libertad. Os da pereza haceros conscientes."
"Hay quienes no quieren ser libres, sólo quieren una prisión más cómoda.
Hay quienes no quieren Despertar, solo quieren un sueño menos atormentado"
En este blog encontrarás un diario en el que recojo las experiencias vividas durante mis sesiones. También mis reflexiones y mucho más...
lunes, 20 de mayo de 2019
domingo, 7 de abril de 2019
Después de México
Al que crea que todo había acabado cuando volví de México, le diré que se equivoca. Voy a contar lo que ocurrió después de volver y que yo misma no esperaba ni era mínimamente consciente.
Llegamos a Madrid un martes alrededor de la 1 de la tarde. Habíamos estado volando en lo que era la noche del lunes al martes. Desafortunadamente soy de esas personas que no se duermen en cualquier sitio y a pesar de las comodidades y ayudas por parte del personal del vuelo, no pegué ojo.
La tarde del martes me sentí agotada, cosa que asumía como lógica por la paliza del viaje. El miércoles tenía ya que volver al trabajo y a la vida normal, así que estuve todo el martes descansando y por supuesto, me fuí a dormir pronto.
A pesar del cansancio no conseguí dormir mucho tampoco esa noche. Estuve en la cama hasta prácticamente las 12 de la mañana (trabajaba ese día en turno de tarde), me fui a entrenar a las 2 y luego a trabajar.
Volví muerta de cansancio creyendo que el jet lag me estaba jugando la mala pasada de haberme alterado el ciclo de sueño. Y di por hecho que esa noche dormiría del tirón como una niña pequeña.
Pues no, esa noche tampoco conseguí dormir bien.
Todas las noches de esa semana eran más o menos iguales, me iba a dormir y caía enseguida muerta de sueño, pero a las 2-3 horas ya estaba despierta. Y lo peor era que no conseguía volver a dormirme.
O me dormía cuando prácticamente me tenía que levantar o directamente no pegaba ojo.
Podéis imaginar mi estado físico... deplorable. Entrenando no era capaz de hacer cosas que para mí eran sencillas antes del viaje. Trabajando sólo soñaba con terminar la jornada y volver a casa para estar tirada en el sofá. Empecé a tener problemas intestinales y me dolía todo.
Mi mente le echaba la culpa al jet lag, al viaje y a mi sensibilidad física por haber vuelto a la vida diaria y su estrés añadido. Sólo soñaba con que llegara el fin de semana para tener tiempo para descansar.
Emocionalmente no me sentía mucho mejor, iba alternando mi estado entre la tristeza y el enfado. Me sentía también mentalmente agotada, empecé a odiar mi vida, las prisas, las obligaciones. Incluso llegué a comentar a mi nutricionista que estaba en un momento en que sólo quería irme de Madrid a un sitio pequeño y tranquilo y mandar todo a la porra.
Él lo justificaba con un probable aumento de mis niveles de cortisol por culpa del estrés al que solemos estar sometidos los que vivimos en la gran ciudad. Y yo también entendía la lógica del asunto así que anoté sus pautas y me convencí de que siguiéndolas, mejoraría.
Para todo esto había pasado ya la semana desde que habíamos salido de México. Era lunes otra vez y esa noche me acosté de nuevo muerta de sueño, triste hasta límites que no sentía desde mi peor época en 2012 cuando una crisis vital sacudió mi vida en todos sus aspectos (familiar, sentimental, social, económica, laboral...). Una amiga me había contado que mi coach de crossfit le había comentado que no sabía qué me pasaba pero que yo no era yo, que me notaba muy mal y que le daba apuro preguntarme pero que estaba algo preocupadillo.
Y así llegamos al martes, una semana exactamente desde mi vuelta de el maravilloso viaje con mis amigas a México, del que sólo me quedaba un recuerdo lejano de lo bien que lo habíamos pasado.
El martes me desperté de nuevo a las pocas horas de haberme acostado, deprimida, agotada, soñando con llevar a mi hijo al colegio y volver a casa para meterme otra vez en la cama. Y no solo por el cansancio físico, sino porque me sentía emocionalmente muy muy mal, triste y a punto de la depresión psíquica.
Y ahí ya algo dentro de mí hizo que saltaran las alarmas, algo me decía que aquello no era normal, que no podía sentirme así una semana después de haber llegado. Ni jet lag, ni problemas del día a día, ni nada. Que no, que no era normal y punto.
Así que lo que hice fue coger el móvil y escribir a una amiga mía que podríamos decir que es lo que en su tiempo se conocían como Chamanes, personas que tratan y manejan las energías y el mundo sutil para ayudar a los demás.
Como si me estuviese esperando, me contestó a los pocos minutos de enviarle un mensaje pidiéndola ayuda y quedamos en vernos esa misma mañana tres horas después.
Ya con la tranquilidad de saber que iba a ir a verla, volví a la cama tras dejar a mi hijo en el colegio, anular mi cita con el fisioterapeuta para tratar mi hombro y anular mi entrenamiento de las 10 de la mañana.
Llegué a la hora acordada, me vio la cara, le conté lo de México y no hubo que decir mucho más.
Durante hora y media estuvo trabajando conmigo mientras yo, lo único que sentía, eran sensaciones por todo mi cuerpo y un frío que no eran normales.
Cuando terminó me explicó que me había vuelto a pasar.... No era la primera vez que me tenía que trabajar para solucionarme un problema similar. Estuvo todo ese tiempo despegando entidades de fallecidos de mi campo energético.
Me había traído de México una pila de entidades que pertenecían a fallecidos (de forma trágica la mayoría) en los lugares que había estado visitando en mi viaje.
Como digo, no era la primera vez. Sí ha sido la más dura, intensa y difícil por la cantidad, pero no era la primera vez que llevo entidades de fallecidos encima.
Ella me explicaba que, por algún motivo, se pegan a mí. Probablemente porque mi tipo de energía los puede ayudar, pero que como no había sido consciente hasta ese momento, no sabía como hacerlo y mientras tanto ellos "viven" a través de mí. Lo que como, lo que hago, lo que respiro... todo es para ellos y por eso mi cuerpo, mi yo, estaba tan tan agotado y emocionalmente tan afectado.
Me dio alguna pauta para poder sobrellevar esto porque obviamente, me volveré a ver sometida al mismo problema una y otra vez. Lo cual hizo que recordara algo que me sucedió a finales del 2011 cuando en mi primera sesión de Registros Akáshicos, mi terapeuta me transmitió que uno de mis trabajos aquí en esta vida era la de ayudar a los muertos. Aquello me dejó muy sorprendida porque yo siempre había tenido el convencimiento de que estaba aquí para ayudar a los vivos, y no imaginaba ni por asomo, que a los muertos también.
Reflexionando ahora sobre el tema me doy cuenta de algo y es que al final, en mi caso, ambos trabajos no están muy diferenciados porque cuando estoy en terapia con muchos de mis pacientes, tengo que trabajar también con sus seres queridos fallecidos.
Desde el día en que mi amiga me trató he vuelto a ser yo, he vuelto a dormir, he conseguido que mi vida retome su cauce normal pero he de confesar que desde que me he hecho consciente de todo esto que he vivido y sus consecuencias, me siento diferente. Como si algo dentro de mi se hubiese encajado en su lugar. Me siento más yo.
Es difícil de explicar.
A modo de reflexión dejo aquí mis pensamientos porque... ¿cuánta gente no habrá por ahí diagnosticada de depresión o algún trastorno similar y resulta que lo que le ocurre no es más que lo mismo o similar a lo que he vivido yo? ¿Somos realmente conscientes de la influencia que lo sutil tiene en nuestras vidas físicas? ¿Con cuánta gente somos realmente libres de poder compartir este tipo de experiencias sin que te tachen de persona que está perdiendo la cabeza?
En fin... Que la vida sigue y aquí otra anécdota más para sumarle a este libro de la vida.
Gracias infinitas por estar ahí a los que están ahí :)
Llegamos a Madrid un martes alrededor de la 1 de la tarde. Habíamos estado volando en lo que era la noche del lunes al martes. Desafortunadamente soy de esas personas que no se duermen en cualquier sitio y a pesar de las comodidades y ayudas por parte del personal del vuelo, no pegué ojo.
La tarde del martes me sentí agotada, cosa que asumía como lógica por la paliza del viaje. El miércoles tenía ya que volver al trabajo y a la vida normal, así que estuve todo el martes descansando y por supuesto, me fuí a dormir pronto.
A pesar del cansancio no conseguí dormir mucho tampoco esa noche. Estuve en la cama hasta prácticamente las 12 de la mañana (trabajaba ese día en turno de tarde), me fui a entrenar a las 2 y luego a trabajar.
Volví muerta de cansancio creyendo que el jet lag me estaba jugando la mala pasada de haberme alterado el ciclo de sueño. Y di por hecho que esa noche dormiría del tirón como una niña pequeña.
Pues no, esa noche tampoco conseguí dormir bien.
Todas las noches de esa semana eran más o menos iguales, me iba a dormir y caía enseguida muerta de sueño, pero a las 2-3 horas ya estaba despierta. Y lo peor era que no conseguía volver a dormirme.
O me dormía cuando prácticamente me tenía que levantar o directamente no pegaba ojo.
Podéis imaginar mi estado físico... deplorable. Entrenando no era capaz de hacer cosas que para mí eran sencillas antes del viaje. Trabajando sólo soñaba con terminar la jornada y volver a casa para estar tirada en el sofá. Empecé a tener problemas intestinales y me dolía todo.
Mi mente le echaba la culpa al jet lag, al viaje y a mi sensibilidad física por haber vuelto a la vida diaria y su estrés añadido. Sólo soñaba con que llegara el fin de semana para tener tiempo para descansar.
Emocionalmente no me sentía mucho mejor, iba alternando mi estado entre la tristeza y el enfado. Me sentía también mentalmente agotada, empecé a odiar mi vida, las prisas, las obligaciones. Incluso llegué a comentar a mi nutricionista que estaba en un momento en que sólo quería irme de Madrid a un sitio pequeño y tranquilo y mandar todo a la porra.
Él lo justificaba con un probable aumento de mis niveles de cortisol por culpa del estrés al que solemos estar sometidos los que vivimos en la gran ciudad. Y yo también entendía la lógica del asunto así que anoté sus pautas y me convencí de que siguiéndolas, mejoraría.
Para todo esto había pasado ya la semana desde que habíamos salido de México. Era lunes otra vez y esa noche me acosté de nuevo muerta de sueño, triste hasta límites que no sentía desde mi peor época en 2012 cuando una crisis vital sacudió mi vida en todos sus aspectos (familiar, sentimental, social, económica, laboral...). Una amiga me había contado que mi coach de crossfit le había comentado que no sabía qué me pasaba pero que yo no era yo, que me notaba muy mal y que le daba apuro preguntarme pero que estaba algo preocupadillo.
Y así llegamos al martes, una semana exactamente desde mi vuelta de el maravilloso viaje con mis amigas a México, del que sólo me quedaba un recuerdo lejano de lo bien que lo habíamos pasado.
El martes me desperté de nuevo a las pocas horas de haberme acostado, deprimida, agotada, soñando con llevar a mi hijo al colegio y volver a casa para meterme otra vez en la cama. Y no solo por el cansancio físico, sino porque me sentía emocionalmente muy muy mal, triste y a punto de la depresión psíquica.
Y ahí ya algo dentro de mí hizo que saltaran las alarmas, algo me decía que aquello no era normal, que no podía sentirme así una semana después de haber llegado. Ni jet lag, ni problemas del día a día, ni nada. Que no, que no era normal y punto.
Así que lo que hice fue coger el móvil y escribir a una amiga mía que podríamos decir que es lo que en su tiempo se conocían como Chamanes, personas que tratan y manejan las energías y el mundo sutil para ayudar a los demás.
Como si me estuviese esperando, me contestó a los pocos minutos de enviarle un mensaje pidiéndola ayuda y quedamos en vernos esa misma mañana tres horas después.
Ya con la tranquilidad de saber que iba a ir a verla, volví a la cama tras dejar a mi hijo en el colegio, anular mi cita con el fisioterapeuta para tratar mi hombro y anular mi entrenamiento de las 10 de la mañana.
Llegué a la hora acordada, me vio la cara, le conté lo de México y no hubo que decir mucho más.
Durante hora y media estuvo trabajando conmigo mientras yo, lo único que sentía, eran sensaciones por todo mi cuerpo y un frío que no eran normales.
Cuando terminó me explicó que me había vuelto a pasar.... No era la primera vez que me tenía que trabajar para solucionarme un problema similar. Estuvo todo ese tiempo despegando entidades de fallecidos de mi campo energético.
Me había traído de México una pila de entidades que pertenecían a fallecidos (de forma trágica la mayoría) en los lugares que había estado visitando en mi viaje.
Como digo, no era la primera vez. Sí ha sido la más dura, intensa y difícil por la cantidad, pero no era la primera vez que llevo entidades de fallecidos encima.
Ella me explicaba que, por algún motivo, se pegan a mí. Probablemente porque mi tipo de energía los puede ayudar, pero que como no había sido consciente hasta ese momento, no sabía como hacerlo y mientras tanto ellos "viven" a través de mí. Lo que como, lo que hago, lo que respiro... todo es para ellos y por eso mi cuerpo, mi yo, estaba tan tan agotado y emocionalmente tan afectado.
Me dio alguna pauta para poder sobrellevar esto porque obviamente, me volveré a ver sometida al mismo problema una y otra vez. Lo cual hizo que recordara algo que me sucedió a finales del 2011 cuando en mi primera sesión de Registros Akáshicos, mi terapeuta me transmitió que uno de mis trabajos aquí en esta vida era la de ayudar a los muertos. Aquello me dejó muy sorprendida porque yo siempre había tenido el convencimiento de que estaba aquí para ayudar a los vivos, y no imaginaba ni por asomo, que a los muertos también.
Reflexionando ahora sobre el tema me doy cuenta de algo y es que al final, en mi caso, ambos trabajos no están muy diferenciados porque cuando estoy en terapia con muchos de mis pacientes, tengo que trabajar también con sus seres queridos fallecidos.
Desde el día en que mi amiga me trató he vuelto a ser yo, he vuelto a dormir, he conseguido que mi vida retome su cauce normal pero he de confesar que desde que me he hecho consciente de todo esto que he vivido y sus consecuencias, me siento diferente. Como si algo dentro de mi se hubiese encajado en su lugar. Me siento más yo.
Es difícil de explicar.
A modo de reflexión dejo aquí mis pensamientos porque... ¿cuánta gente no habrá por ahí diagnosticada de depresión o algún trastorno similar y resulta que lo que le ocurre no es más que lo mismo o similar a lo que he vivido yo? ¿Somos realmente conscientes de la influencia que lo sutil tiene en nuestras vidas físicas? ¿Con cuánta gente somos realmente libres de poder compartir este tipo de experiencias sin que te tachen de persona que está perdiendo la cabeza?
En fin... Que la vida sigue y aquí otra anécdota más para sumarle a este libro de la vida.
Gracias infinitas por estar ahí a los que están ahí :)
martes, 2 de abril de 2019
México
Hace una semana tuve la inmensa fortuna de hacer un viaje a Cancún (México) con unas amigas. El viaje era de puro ocio y descanso así que no iba yo con mis sentidos "extrasensioriales" muy activados o muy pendiente de ellos.
Visitamos playas maravillosas, de arena blanca y aguas de un azul transparente que te dejaba sin aliento. Visitamos Tulum, una ciudad maya que parece ser la única encontrada que se ubica al borde del mar. Los guías nos explicaron construcciones sorprendentes que los mayas habían hecho sin tecnología pero que asombraban por lo adelantado de intención y funcionamiento.
Todo me resultó fascinante. Tan salvaje, verde y piedra que estaba encantada.
Iba con un poco de "miedito" por si en la ciudad maya me daba por sentir cosas y eso pudiera hacer que me sintiera indispuesta o algo así. Pero no, todo transcurrió con normalidad así que me relajé.
Nuestra última visita fue a un Cenote..
Para los que no sepan lo que es un cenote, como me ocurría a mí, os explicaré qué es según la definición que he encontrado en internet:
Pozo o estanque natural de agua dulce abastecido por un río subterráneo que se forma en numerosos lugares de la península de Yucatán por la erosión de los suelos, y al que los mayas dieron un uso sagrado.
Yo nunca había oído hablar de los cenotes así que atendí con mucho interés a las explicaciones de Pablo, nuestro guía. Nos dijo que visitaríamos el cenote Tankach-ha, y que nos iba a encantar porque era un cenote donde sus aguas te hacían rejuvenecer. Al decir esto, podéis imaginar los comentarios y risitas de los que íbamos en la furgoneta de camino a aquella experiencia.
Nos contó que algunos cenotes están al aire libre pero el que íbamos a visitar estaba bajo tierra. Que casi todos los cenotes encontrados se comunican entre ellos a través de una red de aguas dulces subterráneas y que todos son de un agua transparente maravillosa que incluso permite hacer submarinismo o snorkle para ver las profundidades (algunos de muchos metros de profundidad).
Cuando llegamos, nos hicieron ducharnos para quitarnos cualquier resto de crema o aceite y poder mantener así las aguas lo más limpias posibles. Así lo hicimos, cogimos nuestras toallas y bajamos por las escaleras que véis en la foto hasta llegar a la plataforma desde la que te podías tirar al agua.
Y así hicimos, llegamos a la orilla y las cuatro, sin pensarlo nos zambullimos en el agua.
Ay queridos, y ahí empezó mi problema... Según entré en el agua y esos segundos hasta que saqué la cabeza, parecieron horas. De pronto empecé a sentir mucha angustia y miedo, la boca de mi estómago estaba encogida como nunca lo había sentido y en mi cabeza no paraba de repetirse "SAL DE AQUÍ, SAL DE AQUÍ, SAL DE AQUÍIIIIII!!!".
No podía entender muy bien qué me pasaba y en cuanto saqué la cabeza del agua, una de mis amigas me digo "jolín, qué chulada. Y pensar que aquí sacrificaban mujeres...".
Casi me da algo porque en ese rato bajo el agua se había conformado una masa delante de mí, arriba y a la izquierda, que podía sentir como una masa femenina que llamaba mi atención.
Con toda la prisa que pude conseguí salir del agua y empecé a caminar, dando vueltas entre la gente que había por allí hasta que decidí coger mi toalla y volver a la superficie a buscar a uno de los guías de la excursión para que me explicara exactamente qué hacían allí los mayas, porque sí tenía claro que había conectado con algo relacionado con las cosas que allí tuvieron lugar.
Subiendo las escaleras encontré a Fabián, el conductor de la furgoneta que nos llevó y que también era guía.
Al verme la cara me dijo "¿Yaaaa? ¿Qué pasó?". Y le pedí que por favor, me contara qué era lo que se hacía en aquel cenote en la época maya. Él me miró con una cara extraña y su respuesta fue: "Pues en este cenote se sacrificaban a las mujeres más jóvenes y bellas del poblado. Se las arreglaba y acicalaba como si fuesen a una fiesta y eran lanzadas a las aguas del cenote hasta que se ahogaban y su muerte era una ofrenda a los dioses para que fuesen bendecidos con buenas cosechas y esas cosas. Por eso este cenote se dice que te hace rejuvenecer. Ellos querían que los dioses estuvieran contentos".
En fin, no hace falta que diga más. Entendí perfectamente qué era lo que había sentido así que pensé que si había sentido a todas esas mujeres y sus miedos igual debía escucharlas para liberar algo de su angustia o qué se yo. El caso es que dije, bueno Rosa, pues vuelve abajo e intenta escucharlas a ver qué quieren.
Volví a la plataforma y conseguí encontrar un sitio al lado de una roca que se alargaba hasta lo profundo del cenote. Allí me senté y metí tímidamente los pies en el agua. Puse mi mano derecha en la roca que tenía al lado e intenté sentir lo que quisiera manifestarse en ese momento y lugar.
Aquella masa femenina seguía ahí pero no conseguí sentir nada en particular respecto a ella. Lo que sí empecé a notar fue que a mi derecha hacia la parte inferior se empezaba a manifestar la Tierra. Y de pronto me vi con dos masas, dos conciencias bien distintas, aquella masa femenina de sufrimiento y dolor y a la Tierra tan serena y llena de paz. Y lo que sí sucedió fue que me convertí en testigo de lo que la Tierra le dijo a todas aquellas mujeres (?): "Yo nunca quise vuestra sangre. Vuestras vidas se perdieron en vano porque si sois mis hijas, ¿cómo voy a querer yo que se me honre con vuestra sangre? ¿Qué madre quiere la sangre de sus hijos? Vuestro pueblo se equivocó en eso, adoraron dioses creyendo que con la sangre de los mejores, de los más aptos, de los más bellos, de los más jóvenes encontraríais el bendiciones para vuestro pueblo, pero los sacrificios de sangre nunca son para nada bueno. Ahora ya lo sabéis. Yo nunca quise vuestro miedo, angustia y por supuesto nunca quise vuestra vida. Así no debía ser".
Sentí que aquella masa femenina se disolvía hasta que de pronto dejé de sentir ambas conciencias y supuse que mi labor allí (fuese la que fuese) había concluido.
Han pasado casi dos semanas desde aquello y aún me sorprende lo que viví porque jamás hubiera pensado que el agua fuese tan fuerte transmisor de algo como lo que sentí. Nunca había sentido nada de semejante magnitud.
Me siento enormemente agradecida por habérseme permitido ser testigo de aquel encuentro entre conciencias tan acestrales. Y por supuesto esto me ha enseñado que parte de lo que me toca tiene que ver con sentir la materia, a la Tierra y también a los muertos (porque como una gran amiga chamana me dijo "Sentir a los muertos viene en el pack de sentir a la Tierra, así que es lo que te toca" ;) ).
Y me toca, sí. Me toca.
Visitamos playas maravillosas, de arena blanca y aguas de un azul transparente que te dejaba sin aliento. Visitamos Tulum, una ciudad maya que parece ser la única encontrada que se ubica al borde del mar. Los guías nos explicaron construcciones sorprendentes que los mayas habían hecho sin tecnología pero que asombraban por lo adelantado de intención y funcionamiento.
Todo me resultó fascinante. Tan salvaje, verde y piedra que estaba encantada.
Iba con un poco de "miedito" por si en la ciudad maya me daba por sentir cosas y eso pudiera hacer que me sintiera indispuesta o algo así. Pero no, todo transcurrió con normalidad así que me relajé.
Nuestra última visita fue a un Cenote..
Para los que no sepan lo que es un cenote, como me ocurría a mí, os explicaré qué es según la definición que he encontrado en internet:
Pozo o estanque natural de agua dulce abastecido por un río subterráneo que se forma en numerosos lugares de la península de Yucatán por la erosión de los suelos, y al que los mayas dieron un uso sagrado.
Yo nunca había oído hablar de los cenotes así que atendí con mucho interés a las explicaciones de Pablo, nuestro guía. Nos dijo que visitaríamos el cenote Tankach-ha, y que nos iba a encantar porque era un cenote donde sus aguas te hacían rejuvenecer. Al decir esto, podéis imaginar los comentarios y risitas de los que íbamos en la furgoneta de camino a aquella experiencia.
Nos contó que algunos cenotes están al aire libre pero el que íbamos a visitar estaba bajo tierra. Que casi todos los cenotes encontrados se comunican entre ellos a través de una red de aguas dulces subterráneas y que todos son de un agua transparente maravillosa que incluso permite hacer submarinismo o snorkle para ver las profundidades (algunos de muchos metros de profundidad).
Cuando llegamos, nos hicieron ducharnos para quitarnos cualquier resto de crema o aceite y poder mantener así las aguas lo más limpias posibles. Así lo hicimos, cogimos nuestras toallas y bajamos por las escaleras que véis en la foto hasta llegar a la plataforma desde la que te podías tirar al agua.
Y así hicimos, llegamos a la orilla y las cuatro, sin pensarlo nos zambullimos en el agua.
Ay queridos, y ahí empezó mi problema... Según entré en el agua y esos segundos hasta que saqué la cabeza, parecieron horas. De pronto empecé a sentir mucha angustia y miedo, la boca de mi estómago estaba encogida como nunca lo había sentido y en mi cabeza no paraba de repetirse "SAL DE AQUÍ, SAL DE AQUÍ, SAL DE AQUÍIIIIII!!!".
No podía entender muy bien qué me pasaba y en cuanto saqué la cabeza del agua, una de mis amigas me digo "jolín, qué chulada. Y pensar que aquí sacrificaban mujeres...".
Casi me da algo porque en ese rato bajo el agua se había conformado una masa delante de mí, arriba y a la izquierda, que podía sentir como una masa femenina que llamaba mi atención.
Con toda la prisa que pude conseguí salir del agua y empecé a caminar, dando vueltas entre la gente que había por allí hasta que decidí coger mi toalla y volver a la superficie a buscar a uno de los guías de la excursión para que me explicara exactamente qué hacían allí los mayas, porque sí tenía claro que había conectado con algo relacionado con las cosas que allí tuvieron lugar.
Subiendo las escaleras encontré a Fabián, el conductor de la furgoneta que nos llevó y que también era guía.
Al verme la cara me dijo "¿Yaaaa? ¿Qué pasó?". Y le pedí que por favor, me contara qué era lo que se hacía en aquel cenote en la época maya. Él me miró con una cara extraña y su respuesta fue: "Pues en este cenote se sacrificaban a las mujeres más jóvenes y bellas del poblado. Se las arreglaba y acicalaba como si fuesen a una fiesta y eran lanzadas a las aguas del cenote hasta que se ahogaban y su muerte era una ofrenda a los dioses para que fuesen bendecidos con buenas cosechas y esas cosas. Por eso este cenote se dice que te hace rejuvenecer. Ellos querían que los dioses estuvieran contentos".
En fin, no hace falta que diga más. Entendí perfectamente qué era lo que había sentido así que pensé que si había sentido a todas esas mujeres y sus miedos igual debía escucharlas para liberar algo de su angustia o qué se yo. El caso es que dije, bueno Rosa, pues vuelve abajo e intenta escucharlas a ver qué quieren.
Volví a la plataforma y conseguí encontrar un sitio al lado de una roca que se alargaba hasta lo profundo del cenote. Allí me senté y metí tímidamente los pies en el agua. Puse mi mano derecha en la roca que tenía al lado e intenté sentir lo que quisiera manifestarse en ese momento y lugar.
Aquella masa femenina seguía ahí pero no conseguí sentir nada en particular respecto a ella. Lo que sí empecé a notar fue que a mi derecha hacia la parte inferior se empezaba a manifestar la Tierra. Y de pronto me vi con dos masas, dos conciencias bien distintas, aquella masa femenina de sufrimiento y dolor y a la Tierra tan serena y llena de paz. Y lo que sí sucedió fue que me convertí en testigo de lo que la Tierra le dijo a todas aquellas mujeres (?): "Yo nunca quise vuestra sangre. Vuestras vidas se perdieron en vano porque si sois mis hijas, ¿cómo voy a querer yo que se me honre con vuestra sangre? ¿Qué madre quiere la sangre de sus hijos? Vuestro pueblo se equivocó en eso, adoraron dioses creyendo que con la sangre de los mejores, de los más aptos, de los más bellos, de los más jóvenes encontraríais el bendiciones para vuestro pueblo, pero los sacrificios de sangre nunca son para nada bueno. Ahora ya lo sabéis. Yo nunca quise vuestro miedo, angustia y por supuesto nunca quise vuestra vida. Así no debía ser".
Sentí que aquella masa femenina se disolvía hasta que de pronto dejé de sentir ambas conciencias y supuse que mi labor allí (fuese la que fuese) había concluido.
Han pasado casi dos semanas desde aquello y aún me sorprende lo que viví porque jamás hubiera pensado que el agua fuese tan fuerte transmisor de algo como lo que sentí. Nunca había sentido nada de semejante magnitud.
Me siento enormemente agradecida por habérseme permitido ser testigo de aquel encuentro entre conciencias tan acestrales. Y por supuesto esto me ha enseñado que parte de lo que me toca tiene que ver con sentir la materia, a la Tierra y también a los muertos (porque como una gran amiga chamana me dijo "Sentir a los muertos viene en el pack de sentir a la Tierra, así que es lo que te toca" ;) ).
Y me toca, sí. Me toca.
sábado, 9 de junio de 2018
Cómo se realiza el intercambio de información
Una de las principales dudas que me suelen plantear tras una sesión de Escucha suele ser la que tiene que ver con el proceso a través del cual la información me llega. "¿Cómo puedes hacer eso?", me preguntan.
Lo curioso es que yo hacer hacer no hago mucho, la verdad. Esta "capacidad" se me desarrolló sin proponérmelo, lo único es que mu curiosidad he hecho que poco a poco yo misma haya ido intentando entender el proceso físico que pueda esconderse detrás.
Hace poco encontré la imagen que pongo en esta entrada y que me va a ayudar a explicar cómo creo que se da este curioso proceso.
Lo curioso es que yo hacer hacer no hago mucho, la verdad. Esta "capacidad" se me desarrolló sin proponérmelo, lo único es que mu curiosidad he hecho que poco a poco yo misma haya ido intentando entender el proceso físico que pueda esconderse detrás.
Hace poco encontré la imagen que pongo en esta entrada y que me va a ayudar a explicar cómo creo que se da este curioso proceso.
Ahí podemos ver el sistema energético propio de las manos. La imagen está tomada con una cámara kirlian. Este sistema energético posee unas zonas concretas en la palma y yemas donde la energía se concentra. Digamos que son los chakras propios de las manos. A través de ellos entra y sale la energía de nuestras manos. Si tenemos en cuenta estos chakras como puerta de entrada podemos deducir fácilmente cómo al entrar en contacto tanto con el sistema energético como con el cuerpo físico de una persona, se produce un intercambio de energía (o información energética) que es la que algunas personas podemos "traducir" para hacerlo entendible.
Hay que tener en cuenta algo importante y es que durante esa "traducción" siempre va a existir el inevitable filtro de la persona que "traduce" la información energética en palabras ya que esa información a veces toma la forma de una imagen, un concepto o un paquete que hay que ir abriendo poco a poco. Por eso la información no es 100% pura porque está influenciada por los propios conceptos o registros de la persona que da voz a lo que el cuerpo quiere manifestar.
martes, 5 de diciembre de 2017
Feedbacks
A veces ocurre que vienen pacientes a verme y posteriormente no vuelvo a verlos por diferentes motivos. Me puse en contacto con algunos de ellos para pedirles que me hablaran de lo que sintieron posteriormente al tratamiento. El feedback me ayuda mucho a saber si estas sesiones son realmente útiles y provechosas para la vida de quien pasa por una sesión de Escucha Corporal.
Estos son algunos testimonios:
"(...)Todo mi cuerpo me decía que estaba conforme con tus palabras y me transmitiste mucha paz y tranquilidad con un tema que ya me tenía preocupada.
Las taquicardias han cesado y la tensión que llevaba en el pecho ha desaparecido."
" (...) Una vez salí a la calle de tu consulta, me empecé a encontrar muchísimo mejor. La sensación era que me habías quitado algo que era lo que me oprimía y los síntomas con los que fui empezaron a mejorar casi de inmediato. A la semana o 10 días tenía mejoría prácticamente total."
Estos son algunos testimonios:
"(...)Todo mi cuerpo me decía que estaba conforme con tus palabras y me transmitiste mucha paz y tranquilidad con un tema que ya me tenía preocupada.
Las taquicardias han cesado y la tensión que llevaba en el pecho ha desaparecido."
" (...) Una vez salí a la calle de tu consulta, me empecé a encontrar muchísimo mejor. La sensación era que me habías quitado algo que era lo que me oprimía y los síntomas con los que fui empezaron a mejorar casi de inmediato. A la semana o 10 días tenía mejoría prácticamente total."
En otro tratamiento,
igualmente encontré mejoría pero no fue tan inmediata, fue con el paso de los
días, posiblemente a los 4-5 días esa "neuralgia" fue disminuyendo
en intensidad y frecuencia con el paso de los días hasta desaparecer.
Igualmente no se me ha vuelto a repetir."
"Realmente sí he notado cambios, mis
dolores son menores, me vienen a veces pero tienen un “porqué” digámoslo
así. Una cosa que se me pasa, cuando
estuviste tocándome una zona de mi cuerpo es que sení mucho dolor pero no un dolor
físico, es como si me estuvieses arrancando algo (sé que suena mal pero
la sensación fue esa) pero posteriormente sentí como un hueco, no había dolor
era como cuando termina una tormenta y queda mojado, que no te molesta porque
se está fresco después de una gran tormenta y huele diferente. No sé cómo, pero
realmente me ayudaste mucho con mi situación y con mis dolores, aun me queda
mucho recorrido pero creo que empecé a cambiar las cosas."
"En cuanto a la consulta-terapia, a nivel
físico salí mas liberada, aunque esta vez y en mi caso, fue mas un alivio o
pistas a seguir y a trabajar a nivel emocional.
Lo que me
dijiste, lo considero valioso y acertado en el momento que estoy viviendo, así
que miles de gracias por ello.
En este momento, me encuentro muy bien
físicamente."
domingo, 26 de noviembre de 2017
¿Qué se esconde tras el tabaco?
La semana pasada llegó C. a la clínica. Entró saludando con esta frase:
"Buenas tardes. Necesito saber si alguien aquí me puede ayudar a dejar de fumar porque si no lo hago, no llegaré a la primavera".
C. tiene 70 años y lleva fumando desde que tenía 20 a razón de una cajetilla diaria. Tiene un EPOC que efectivamente, está poniendo su vida en compromiso pero, C. ha intentado todas las técnicas que ha conocido hasta el momento para dejar de fumar y no lo ha conseguido. Acupuntura, control mental, hipnosis, etc... Y el resultado siempre ha sido el mismo. Ha conseguido dejarlo un máximo de 7-10 días pero, a pesar de sentirse fenomenal durante ese corto periodo, ha vuelto al tabaco sin remedio.
Le planteé la posibilidad de probar una sesión de Escucha Corporal. Evidentemente no sabía lo que era y aunque me miró con cierta extrañeza cuando se lo expliqué, me dijo que ya que había intentado todo y ese tipo de terapia no la conocía, la probaría. Total, ya no tenía nada que perder.
Tengo que decir que C. es una persona muy mental. Con mucha tendencia a buscar una explicación a todo y a justificar cada uno de sus movimientos. La Escucha Corporal no se ve afectada por este tipo de personalidades pero sí es cierto que a ellas, les cuesta a veces entender racionalmente los procesos energéticos y sutiles que involucran a la Escucha.
Cuando comencé la sesión con C. enseguida su cuerpo me manifestó que algo ocurría con las emociones relacionadas con su padre. Había una gran carga que su cuerpo portaba y que era el probable origen de su adicción. Mucha ira, dolor, tristeza y sufrimiento me eran revelados. Y también muy nítidamente sentí algo que C. había guardado para sí y no había sido capaz de manifestarle a su padre.
Procuro empezar las sesiones sin demasiada información por parte del paciente para no verme sugestionada, aunque hay ocasiones en las que la persona quiere preguntar por un tema concreto y lo hago, pero el cuerpo contesta lo que considera importante y prioritario que se sepa. Así que nunca uno sabe qué va a pasar al preguntar y qué información se va a revelar.
De modo que empecé escuchando al cuerpo de C. y cuando todo aquello se me reveló le pregunté: "C.¿Qué ocurre con su padre?". Él abrió los ojos con esa cara de perplejidad que suele darse en muchas ocasiones y me dijo: "¿Con mi padre? ...... Que mi padre fue un maltratador, un alcohólico y una mala persona que nos hizo la vida imposible a mi hermano y a mí."
Emociones como el odio, la rabia, la ira eran manifestadas por C. cuando le conté las sensaciones que me llegaban a través de su cuerpo. Pero en este caso, me llegaba una dualidad concreta y era que el sufrimiento que el cuerpo de C. manifestaba era algo que portaba dentro de él, pero de su niño interior. El adulto no estaba tan dañado, era una memoria antigua. Era una herida en la inocencia.
Efectivamente, C. me contó que a lo largo de los años había hecho todo lo posible por superar el dolor del maltrato de su padre y que gracias a eso ha sido un gran padre de sus dos hijos, pero me reconoció que nunca había trabajado al niño (su niño interior) que sufrió todo aquello.
Le expliqué que lo más probable era que nunca había podido superar su adicción porque era la forma en que su cuerpo quería decirle que esa herida aún estaba abierta y que era algo que debía tratar de sanar si realmente quería dejar de fumar y seguir viviendo.
Sucedieron muchas más cosas e intercambiamos mucha más información pero eso, con vuestro permiso, lo reservo porque no es importante para lo que quiero transmitir, que es el hecho de que en la mayoría de las ocasiones, el tabaco o cualquier adicción están "tapando" algo de nosotros que no queremos que salga porque no queremos, podemos o sabemos enfrentarnos a ello. Ponemos una "cortina de humo" ante las emociones que algún acontecimiento nos hizo sentir y de esta forma las mantenemos "sedadas" para tener la sensación de que podemos seguir con la vida. Aunque en realidad, lo que sucede es todo lo contrario, que se está viviendo a medias.
Desde aquí animo a toda aquella persona que sufra de algún tipo de adicción, que investigue más allá de lo obvio y que intente averiguar qué está intentando "tapar" con ello.
Sólo el que busca, encuentra. Y solo el que encuentra, toma consciencia y se libera.
Y os puedo asegurar que esa Libertad merece la pena.
"Buenas tardes. Necesito saber si alguien aquí me puede ayudar a dejar de fumar porque si no lo hago, no llegaré a la primavera".
C. tiene 70 años y lleva fumando desde que tenía 20 a razón de una cajetilla diaria. Tiene un EPOC que efectivamente, está poniendo su vida en compromiso pero, C. ha intentado todas las técnicas que ha conocido hasta el momento para dejar de fumar y no lo ha conseguido. Acupuntura, control mental, hipnosis, etc... Y el resultado siempre ha sido el mismo. Ha conseguido dejarlo un máximo de 7-10 días pero, a pesar de sentirse fenomenal durante ese corto periodo, ha vuelto al tabaco sin remedio.
Le planteé la posibilidad de probar una sesión de Escucha Corporal. Evidentemente no sabía lo que era y aunque me miró con cierta extrañeza cuando se lo expliqué, me dijo que ya que había intentado todo y ese tipo de terapia no la conocía, la probaría. Total, ya no tenía nada que perder.
Tengo que decir que C. es una persona muy mental. Con mucha tendencia a buscar una explicación a todo y a justificar cada uno de sus movimientos. La Escucha Corporal no se ve afectada por este tipo de personalidades pero sí es cierto que a ellas, les cuesta a veces entender racionalmente los procesos energéticos y sutiles que involucran a la Escucha.
Cuando comencé la sesión con C. enseguida su cuerpo me manifestó que algo ocurría con las emociones relacionadas con su padre. Había una gran carga que su cuerpo portaba y que era el probable origen de su adicción. Mucha ira, dolor, tristeza y sufrimiento me eran revelados. Y también muy nítidamente sentí algo que C. había guardado para sí y no había sido capaz de manifestarle a su padre.
Procuro empezar las sesiones sin demasiada información por parte del paciente para no verme sugestionada, aunque hay ocasiones en las que la persona quiere preguntar por un tema concreto y lo hago, pero el cuerpo contesta lo que considera importante y prioritario que se sepa. Así que nunca uno sabe qué va a pasar al preguntar y qué información se va a revelar.
De modo que empecé escuchando al cuerpo de C. y cuando todo aquello se me reveló le pregunté: "C.¿Qué ocurre con su padre?". Él abrió los ojos con esa cara de perplejidad que suele darse en muchas ocasiones y me dijo: "¿Con mi padre? ...... Que mi padre fue un maltratador, un alcohólico y una mala persona que nos hizo la vida imposible a mi hermano y a mí."
Emociones como el odio, la rabia, la ira eran manifestadas por C. cuando le conté las sensaciones que me llegaban a través de su cuerpo. Pero en este caso, me llegaba una dualidad concreta y era que el sufrimiento que el cuerpo de C. manifestaba era algo que portaba dentro de él, pero de su niño interior. El adulto no estaba tan dañado, era una memoria antigua. Era una herida en la inocencia.
Efectivamente, C. me contó que a lo largo de los años había hecho todo lo posible por superar el dolor del maltrato de su padre y que gracias a eso ha sido un gran padre de sus dos hijos, pero me reconoció que nunca había trabajado al niño (su niño interior) que sufrió todo aquello.
Le expliqué que lo más probable era que nunca había podido superar su adicción porque era la forma en que su cuerpo quería decirle que esa herida aún estaba abierta y que era algo que debía tratar de sanar si realmente quería dejar de fumar y seguir viviendo.
Sucedieron muchas más cosas e intercambiamos mucha más información pero eso, con vuestro permiso, lo reservo porque no es importante para lo que quiero transmitir, que es el hecho de que en la mayoría de las ocasiones, el tabaco o cualquier adicción están "tapando" algo de nosotros que no queremos que salga porque no queremos, podemos o sabemos enfrentarnos a ello. Ponemos una "cortina de humo" ante las emociones que algún acontecimiento nos hizo sentir y de esta forma las mantenemos "sedadas" para tener la sensación de que podemos seguir con la vida. Aunque en realidad, lo que sucede es todo lo contrario, que se está viviendo a medias.
Desde aquí animo a toda aquella persona que sufra de algún tipo de adicción, que investigue más allá de lo obvio y que intente averiguar qué está intentando "tapar" con ello.
Sólo el que busca, encuentra. Y solo el que encuentra, toma consciencia y se libera.
Y os puedo asegurar que esa Libertad merece la pena.
sábado, 18 de noviembre de 2017
MEMORIA SOMATOEMOCIONAL Y ESCUCHA CORPORAL
Por
todos es sabido que las emociones afectan a nuestro cuerpo físico. Existen
millones de artículos que nos hablan de la somatización de los estados
emocionales negativos prolongados en el tiempo.
El
estrés es un claro ejemplo. Cuando los niveles de estrés suben, el cuerpo sufre
cambios bioquímicos que nos provocan taquicardias, dolores de cabeza, disminución
de las defensas, problemas de estómago,
úlceras, alteraciones intestinales, de la piel, etc...
Así
que de esta forma nos damos cuenta cómo el exterior influye en nuestro interior
físico y de cómo podemos enfermar por culpa de no hacer caso de las emociones
que mantenemos a lo largo del tiempo sin atender a ellas. Esto es por lo que a
veces portamos en el cuerpo memorias de emociones no resueltas y que
condicionan nuestra salud irremediablemente.
Antes de explicar lo que es la Escucha Corporal hay que
explicar lo que es el concepto de Memoria Somatoemocional.
La Memoria Somatoemocional es la
memoria que se guarda EN el cuerpo
de una emoción que ha sido retenida, suprimida o aislada de forma no consciente.
Para poder acceder a este tipo de memorias corporales
existen muchas técnicas físicas que pueden ser aplicadas por profesionales de
la salud como son los fisioterapeutas. Algunas de ellas son la Inducción
Miofascial, La Osteopatía o la Terapia Cráneo-Sacra, entre otras.
Dentro de este conjunto de terapias, existe una que es menos
activa por parte del terapeuta y que no depende tanto de una formación
académica sino del desarrollo de otra capacidad más sutil y empática, como es
la Escucha Corporal.
¿Qué es la escucha corporal?
En las sesiones de Escucha Corporal, el terapeuta entra
en contacto con el cuerpo del paciente con la finalidad de conectar con su
campo energético y corpóreo para sentir qué zonas de su cuerpo se manifiestan y
quieren comunicar algo.
En mi caso, lo que sucede es que comienzo a sentir en mi
cuerpo una zona concreta. En ocasiones un dolor, una presión, algo que llama la
atención hacia esa zona. Entonces lo que hago es poner las manos en la zona que
estoy sintiendo pero en el cuerpo del
paciente, y lo que suele suceder es que me comienza a llegar información en
forma de imágenes, palabras, sensaciones, etc.
En ese momento comienzo a contar lo que voy percibiendo para
cotejar con el paciente si esa información es verídica o no.
Las personas pueden en ocasiones así, averiguar el origen
emocional que se esconde tras síntomas físicos que traen a la consulta o, en
ocasiones, aunque no tengan sintomatología alguna, también pueden averiguar qué
emociones son importantes para el cuerpo sobre las que hay que trabajar o
darles prioridad.
Cualquier persona puede someterse a una sesión de escucha.
No es preciso estar en ninguna condición particular. Si el cuerpo quiere decir
algo, lo hará.
A continuación podéis leer algunos testimonios de personas
que han pasado por una sesión de escucha corporal y cuál ha sido su impresión o
cuáles sus cambios tras este tipo de terapia:
C:“Fue una experiencia muy interesante. Es
agradable conocer a gente interesante, con recorrido y profesional como tú (…) En
todo momento, me sentí muy cómoda. Quiero decir que tu recibimiento y
acogimiento primero fue cercano y natural.
En cuanto a la consulta-terapia, a nivel
físico salí mas liberada, aunque esta vez y en mi caso, fue más un alivio o
pistas a seguir y a trabajar a nivel emocional.
Lo que me
dijiste, lo considero valioso y acertado en el momento que estoy viviendo, así
que miles de gracias por ello.
En este momento, me encuentro muy bien
físicamente.”
E:“Un día, el fisio al que suelo acudir me recomendó acudir a tu
consulta, porque creía que mis dolores podían ir más allá de lo que él podía
tratar. Por probar llame y solicité una consulta. La noche anterior no pase muy
buena noche, soy una persona muy nerviosa y no sabía que me podría encontrar. Recuerdo
que cuando llegue, te encontré sentada y yo seguía bastante nerviosa, un poco
como “no saber dónde estar o que va a pasar” pero, me trasmitiste de alguna
manera bastante tranquilidad. Estuvo bastante bien sentir un poco de
tranquilidad antes de la sesión, la voz era muy tranquila; no que si me explico
bien pero no era forzada y eso es algo importante. Durante la sesión, recuerdo
que los nervios se fueron apaciguando pero otras sensaciones iban saliendo. Hubo
cosas que no sabía cómo enfocarlas y que posteriormente intente o intento descifrarlas.
Yo sabía cómo iría más o menos la sesión porque la persona que me recomendó me
lo indico, pero quizás eche un poco en falta el indicar que sería algo
“diferente” (yo lo sabía pero quizás otras personas no, a lo mejor conmigo no
fue así porque ya venía de otra persona y estas cosas si las sueles explicar).
Durante la sesión sentí un conjunto de sensaciones, no sabría explicarte porque
algunas eran nuevas para mí, pero al final necesitaba llorar, y mucho. Me
acuerdo que cuando me tocaste los tobillos sentí… como si algo tirase hacia ti,
como si un cable me tirase hacia ti. Cuando terminaste necesitaba unos minutos
es normal, demasiada información. Vi tu cara y cuando me dijiste “siento
dejaros así con toda esta información” no te como... cercanía, no algo fingido
si no cercanía real de que te estaba importando lo que estabas haciendo
conmigo. Me pareciste por ello una gran profesional porque es difícil ponerse
en tu piel. Necesitaba abrazarte, no sé si por seguridad o una manera de darte
las gracias. Cuando salí me harté a llorar la verdad pero a diferencia de
otras veces no se me creo un dolor de cabeza increíble (como solía pasar
anteriormente), estaba además desorientada y como no saber qué hacer después de
unos días ese barullo se fue soltando. Y realmente si he notado cambios, mis
dolores son menores, me vienen a veces pero si tienen un “porqué” digámoslo
así, porque normalmente son dolores de regla. Una cosa que se me pasa, cuando
estuviste tocándome la zona de la tripa sentí…mucho dolor pero no un dolor
físico, es como si me estuvieses arrancando algo (sé que suena mal pero
la sensación fue esa) pero posteriormente sentí como un hueco, no había dolor
era como cuando termina una tormenta y queda mojado, que no te molesta porque
se está fresco después de una gran tormenta y huele diferente. No sé cómo, pero
realmente me ayudaste mucho con mi situación y con mis dolores, aun me queda
mucho recorrido pero creo que empecé a cambiar las cosas.”
M:“La
primera vez que me trataste fue por un momento de estrés máximo, no podía
dormir, dolor continuo en zona baja de diafragma y sensación de
"presión" en todo el cuerpo, más concentrado en el tronco. Durante el
tratamiento, al principio, no me gustaba porque notaba que controlabas algo
dentro que yo no quería pero bueno, aún así traté de relajarme, abrirme al
tratamiento y noté que profundizabas más, no fue más desagradable pero si no
recuerdo mal hubo liberación emocional, aún así no llegó a agradarme. Yo sentía
en todo momento perfectamente que estabas "removiendo" algo dentro de
mí. A partir de ahí y una vez salí a la calle de tu consulta, me empecé a
encontrar muchísimo mejor. La sensación era que me habías quitado algo que era lo
que me oprimía y los síntomas con los que fui empezaron a mejorar casi de
inmediato. A la semana o 10 días tenía mejoría prácticamente total. Cierto es
que esa situación de estrés conseguí controlarla y encauzarla con el pasos de
los días, pero el tratamiento me ayudó muchísimo. Recuerdo que al salir era una
sensación como si fuese más alto, lo desagradable que me pudo resultar en algún
momento la sesión, se compensó al 100% con una sensación muy buena al terminar.
No me volvió a ocurrir nunca.
La segunda
vez, fui por un dolor de cabeza que no identificaba, ni relacionaba con nada
(nunca me duele la cabeza), me hicieron pruebas y no había nada extraño y con
lo único que coincidía quizás era con estar algo más apático en los últimos
días. En este caso la sesión no me resultó incómoda en ningún momento, no se si
sugestionado por los beneficios del anterior tratamiento, pero si es verdad que
iba más "a tumba abierta", iba con la idea de que buscases e hicieses
lo que quisieras. Al final, fue lo relacionado con esa persona con la que pudo
haber esa transmisión de energía. En este tratamiento, igualmente encontré
mejoría pero no fue tan inmediata, fue con el paso de los días ,posiblemente a
los 4-5 días y esa "neuralgia" fue disminuyendo en intensidad y
frecuencia con el paso de los días hasta desaparecer. Igualmente no se me ha
vuelto a repetir.”
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