domingo, 26 de febrero de 2017

El Rechazo

Una de las cosas que suelen suceder en nuestras relaciones con los demás es cuando alguien nos rechaza. Cuando somos víctimas del rechazo y sufrimos la ignorancia de otra persona.
Existen muchos tipos de rechazo. El típico es el rechazo que surge después de haber mantenido una relación con alguien (ya sea de tipo amoroso o sólo amistoso) donde después de un tiempo en el que nuestras vidas se han compartido en mayor o menor medida, sucede algo (a veces conocido, a veces no) que hace que esa relación se rompa. Normalmente es uno de los miembros de esa relación el que toma la decisión (sujeto activo) y el otro el que se tiene que comer la decisión del otro (sujeto pasivo). 
El sufrimiento por esta ruptura por rechazo al otro puede ser mayor o menor y cada uno lo gestionará en función de sus recursos emocionales de una manera u otra.



Pero el rechazo del que quiero hablar hoy es el rechazo que a veces sentimos de otra persona hacia nosotros SIN que haya existido una relación previa de por medio. Tal vez solo te has visto un par de veces por coincidencia en algún lugar común y nada más, pero el rechazo es evidente de esa otra persona hacia nosotros. Además esto deja de ser una "sensación" para convertirse en un hecho constatado cuando la persona que rechaza HACE y ACTÚA para que ese rechazo sea palpable y evidente.

Normalmente esta actitud genera en el rechazado, primero una incomodidad generalizada en las situaciones en las que ambas personas coinciden y segundo, dolor personal en la persona rechazada a pesar de que no haya relación preexistente entre ambas.

La sensación de incomodidad se genera porque existe un elemento tóxico en la escena. Somos lo suficientemente sensibles como para percibir cuándo hay un elemento de este tipo en nuestro entorno. Todos somos conscientes de haber vivido algo así en algún momento de nuestra vida. De este elemento tóxico es difícil zafarse porque suelen ser personas con tanta sombra que ésta lo invade todo impidiendo poder escapar de su influjo. Lo sentimos, incluso a veces nos atrapa de forma que esa sobra "toca" la nuestra y empiezan a surgir en nosotros emociones negativas hacia esta persona como respuesta a su actitud. Nos atrapa su negatividad que hace que saquemos la nuestra. Y como todos tenemos una parte menos bonita, esto no tarda en suceder. La gente tóxica es súpereficiente en su cometido de toxificarlo todo!

Por otro lado, está el dolor. El dolor que surge por el rechazo sentido. No entendemos los motivos y esto nos hace sentir más dolor aún porque como tendemos a la autoculpabilidad, nos torturamos pensando que somos nosotros los que hemos hecho algo o somos de una manera que merecemos el rechazo, que no merecemos las atenciones de el sujeto "rechazante" (porque por otro lado, normalmente estos sujetos son muy selectivos y cuando los observas parecen tener muy buenas relaciones con otras personas del lugar).

Total, que sin comerlo ni beberlo, nos encontramos con todo un conflicto personal que no sabemos ni de dónde ha salido.

Normalmente, el dolor que sentimos viene dado porque el rechazo de esta persona actualiza el dolor que tiempo atrás (probablemente en la infancia) hemos sentido cuando nuestras figuras de apego y apoyo nos han rechazado en algún momento. Los padres (o nuestros cuidadores, abuelos, etc)  solían negarnos su afecto o cariño cuando, según ellos, nos portábamos mal. Esto generaba un conflicto doloroso en nosotros porque las personas a las que más quieres y de las que más cariño necesitas, niegan su amor por tí por hacer o decir algo que ellos consideraban inconveniente. Era su forma de "castigarnos" por no ser "buenos".
De esta forma al final, poco a poco, dejábamos de ser nosotros mismos para convertirnos en las personas que ellos querían que fuésemos.
Y ésta es sólo una manera en que el dolor por el rechazo ha podido instaurarse en nosotros a lo largo de nuestra vida pero, evidentemente, existen muchas otras.
Sobre lo que quiero incidir es que esta desconexión de nosotros mismos, si posteriormente no ha sido resuelta, es fácil que se actualice al encontrarnos en una situación de rechazo por el sujeto "tóxico". Además añadidos, aparecen los sentimientos de culpabilidad por creer que seguramente habremos "hecho algo" para merecer recibir tal rechazo y ya tenemos el conflicto montado.

Tenemos que hacernos conscientes de una cosa y es que la persona que nos rechaza o ignora lo que pretende es anularnos. Convertirnos en algo invisible porque (puede que sin saberlo) supongamos una amenaza para esa persona o porque hay algo en nosotros que representa algo contra lo que no es capaz de enfrentarse y su única forma de gestionarlo es ejerciendo este rechazo ignorándonos. Sabe que así la mayoría de las personas se sienten mal y ese es el principal objetivo: hacer sentir mal al otro para poder sentirse mejor.

Por nuestra parte, nosotros sólo podemos hacer unas pocas cosas para contrarrestar este tipo de comportamientos. Primeramente, saber y llegar a aceptar que no podemos gustarle a todo el mundo. Y después, ser capaces de encontrar qué sentimientos mueve esta persona en nosotros y trabajar sobre ellos (y si es necesario buscar ayuda profesional) hasta el punto en que nuestra autoestima no se vea comprometida ante personas como esta. Si para ello encontramos conveniente tener una conversación o dialogar en el sujeto tóxico, podemos hacerlo. Y si no, debemos concentrarnos en nosotros, en nuestros objetivos, en qué estamos haciendo en el lugar en el que coincidimos y fijarnos nuestras metas sin tener en cuenta la presencia de esta persona

Es difícil pero no imposible y yo os animo a que al menos lo intentéis si os encontráis en una situación de este tipo. En mucha medida somos hacedores de nuestro destino. No debemos quedarnos quietos a merced de las circunstancias. Actuemos y hagamos por ser felices a pesar de lo que los demás pretendan hacer a nuestro alrededor.






martes, 8 de noviembre de 2016

La juventud sacrificada

J. tenía un dolor muy concreto en su pie derecho desde hacía tiempo y aunque J. es una persona que tiene la habilidad de profundizar en sí misma para descubrirse lo que le pasa, ese dolor no se le quitaba. Así que aprovechando que nos vimos me pidió que "escuchara" su dolor para ver qué salía de allí porque estaba bastante desconcertada con este problema.
Le pedí que se tumbara para poder poner mis manos en su pie y cuando conseguí entrar en "modo escucha" empecé a percibir algo. Una energía que le venía de atrás en el tiempo. Algo muy antiguo y de naturaleza masculina pero al mismo tiempo lo percibía como algo joven. Después empecé a sentir la palabra VOZ. Esa palabra se repetía mucho. VOZ VOZ VOZ.
Su estómago empezó a solicitar atención y coloqué allí una de mis manos. J. tenía problemas de ardores con algunos alimentos y rápidamente mi sensación fue que parte de ese ardor tenía que ver con lo que estaba saliendo en la sesión. Esa energía que se había manifestado en su pie estaba sin digerir aún, sin procesar y eso era lo que su estómago llevaba tiempo intentando decirle. Entonces su muñeca izquierda reclamó atención.
Cuando coloqué mi mano en su muñeca izquierda el mensaje se completó: Toda esa energía masculina muy antigua pero de naturaleza joven necesitaba que se le diera voz. El no haberla escuchado era lo que su estómago manifestaba en forma de ardor pero es que además, esa "no escucha" estaba impidiendo que J. se completara y realizara como persona. Le impedía moverse y actuar en muchos niveles como un ser completo con capacidad de materializarse a si misma y desplegarse en toda su plenitud.
Fui restransmitiendo todas las sensaciones a J. a medida que iban saliendo y al principio fue un poco desconcertante porque me confesó que era algo que no esperaba que saliera.
Más tarde ella, con toda la información que había salido, pudo tener un rato para tumbarse y "escucharse" y lo que pudo descubrir sobre sí me parece tan valiosa información que voy a transcribirlo aquí literalmente, tal y como ella lo ha contado:

"Me eché en la cama y ahí, con los ojos cerrados, enfoqué la sensación en la boca del estómago y ahora sí, le oí. Era un joven, como si hubiera muerto hace mucho, en estas tierras. Y me decía (reconstruyo más o menos su discurso): "Soy el sacrificado".
Y se me dió la vuelta el alma como un calcetín. El sacrificado. Ay Dios, ¿ya estamos con los sacrificios humanos otra vez? Pero el joven dijo: Fui sacrificado de manera literal, pero el sacrificio que me hace sufrir es también el no evidente. Que nadie tuviera en cuenta mi opinión, que mi voz no fuera escuchada. Y este sacrificio continúa al día de hoy.
Pregunté a qué se refería, aunque mi cuerpo ya sentía un escalofrío anticipando la respuesta (pues, en el fondo, ya la conocía) Y me dijo: ¿Qué recuerdos tienen tú de tu juventud? ¿Acaso no fuiste tú también sacrificada?
Me quedé ko. Siempre digo que jamás regresaría a mi adolescencia-juventud, pues es una época tan horrible en mi recuerdo que no rescato prácticamente nada de la misma. La presión era horrorosa por todas partes: instituto, estudios, acoso, padres... Vivir siempre con miedo y siempre constreñida, broncas por todas partes, hiciera lo que hiciera siempre se esperaba más. Vivía esperando ser mayor de edad para buscar luego una oportunidad de marcharme, creyendo que así me liberaría. Adolescencia. He vivido muchas cosas en otras épocas, pero aún y así siempre digo: lo peor fueron aquellos años y jamás volvería a ellos.
El joven me dijo: ¿Ves? Toda tu fuerza vital fue triturada justo en su máximo momento de florecimiento. Se despertaban tus potenciales, florecías, tenías sueños y pasión, deseos de vivir tantas cosas buenas y bellas, y sin embargo estabas encerrada, presionada, sometida. No podías escapar. No podías hacer nada de lo que te deseabas verdaderamente. Todo eran obligaciones, o por el estado (educación obligatoria con horarios obligatorios, sistema escolar nefasto); o por la familia (autoridad de mis padres sin discusión, educación muy rígida, incomunicación, etc ) ...
Me entró de todo. Un vértigo. Revuelta por dentro. Me daba cuenta de que llevaba años creyendo que SOLO se sacrificaba a la infancia, a los niños. Los sacrificios humanos antiguos de niños, y los de la actualidad, la infancia machacada por la cosmovisión de adultos que, a su vez, fueron machacados en su infancia y creen que las cosas "se hacen así".
Pero el joven me decía: "No, en la infancia, el sacrificio SÓLO EMPIEZA. En realidad el machaque no se detiene y continúa, y continúa, hasta vivir la máxima trituración del ser en la frontera entre adolescencia y juventud. Ahí se pasa a la persona por el final de la rueda de moler y es difícil que quede algo de ella, pues se espera que salga ya completamente amoldada al "sistema". A los niños aún se les permite algún rato de juego, de distensión. Pero ¿cómo es la vida de un adolescente en tu mundo? ¿Qué "tiempo libre" le queda, y con qué libertad, y en qué condiciones? Tú aún tienes buenos recuerdos de tu infancia, aunque estén mezclados con otros difíciles. Pero ¿y de adolescente-joven...?
Yo estaba muda. Me venía una imagen a la cabeza, como de dos ruedas dentadas enormes unidas como un ocho, en las cuales se iban echando los niños cuando nacían, y las ruedas iban girando lentamente a medida que ellos crecían, llevándolos encima, sobre los dientes, y justo en el umbral entre la adolescencia y la juventud, las persona llegaba al justo punto donde las dos ruedas dentadas enormes se unían, y no podía escapar, y su ser, ya castigado por la vida precedente, terminaba engullido entre los dientes. Picado, pulverizado, destrozado. De ahí salía la carne picada, lista para EL CONSUMO ajeno. Ya no eran cuerpos genuinos, ya no eran "el ser original", ya eran hamburguesas, picadillo, carn moldeada al gusto del sistema.
Claro que había quienes se resistían a esto, instintivamente y con todas sus fuerzas, pues intuían ese final, e intentaban rebelarse. Entonces estallaban los dramas del umbral entre adolescencia y juventud. Los destrozos, los ataques, las auto lesiones, las evasiones (drogas, bebida, huidas miles, suicidios incluso) Yo intenté huir yéndome de casa pero al final no pude evitar las ruedas, me atraparon incluso al escapar. Fue como ir del cazo hirviendo a la sartén al rojo. Al final acabé picada como casi todos, o todos los de mi mundo. Amoldada y adaptada. Con un único fin en mi mente: prosperar económicamente, y cosas así. Ya sin sueños personales. Ya cínica, graciosilla, desapegada, "realista". Uffff.
El joven me dijo: nos sacrificaban, pero nunca nos preguntaron. Se elegía, además, a los más bellos. El joven más hermoso, en sacrificio al dios. La joven doncella más bella, en sacrificio a la diosa. O eran sacrificados a las fuerzas de la naturaleza, así, en abstracto. O entregados a tribus vecinas "a cambio de algo". Matrimonios pactados a cambio de acuerdos, de bienes. Etcétera. Algunos también eran muertos (sacrificios rituales), otros eran encerrados en vida (sacerdotisas, gente consagrada, vidas mantenidas aparte, etc)
Pero muertos o encerrados en vidas no elegidas, o elegidas por presión y sin escape, da igual. Hay muchos modos de sacrificar al otro. El quid es que no lo elegías libremente. Todo por tu pueblo. Por tu tribu. Por tu gente. Por los dioses o por lo que fuera. Aunque te hubieran preguntado, la presión generalmente era tan enorme que no hubieras podido negarte fácilmente. E igualmente lo normal es que nunca te preguntaran. Los ancianos lo decidían. O los padres y madres. Los adultos decidían el destino de todo. Se sentaban en el consejo y decidían la dirección de la tribu, del pueblo, el clan o la familia. Pero los adolescentes que aún no éramos jóvenes no teníamos voz ni voto. Teníamos que cuidar y sacrificarnos por los pequeños (los niños) y obedecer a los ancianos, pero no se nos daba la voz, la oportunidad de siquiera elegirlo de verdad, participando del debate, de la toma de postura. Éramos literalmente como corderos llevados al matadero, comidos por el resto, manejados de aquí para allá. Los inocentes en su esplendor, con el cuerpo aún tierno pero ya floreciente. Brillante. Belleza y pureza, para ser sacrificada por otros.
(Ufff. Y uffff. Pensé: yo no había escuchado aún esas voces. ¿Cómo se me habían pasado por alto? Tantos años escuchando a todas las voces, a todas las víctimas, ¿y cómo no llegó antes hasta mí el sufrimiento atroz de los adolescentes-jóvenes? De repente entendí que era así porque, al existir tanto sufrimiento en mi propia juventud, esquivaba inconscientemente encontrarme con esas voces)
Pero el adolescente-joven no había terminado y decía: "Se realizaban ritos de paso de adolescencia hacia la juventud, pero lo que en origen era para ayudarnos a florecer, y celebrar nuestra nueva etapa vital con alegría, amor y reconocimiento, se distorsionó y terminó convertido en ritos de paso PARA AMOLDARNOS definitivamente a unas normas rígidas sobre las que nunca íbamos a tener opinión salvo, tal vez, si llegábamos a ancianos, y aún y así sería dificil"
Comprendí que a causa de esta negación de voz y esta distorsión, las sociedades han acumulado y acumulan una enorme masa de sufrimiento procedente de esta edad, del tránsito entre adolescencia y juventud. Y todo eso lo llevamos encima,...y sale luego...en adultos que no terminan de poder serlo sin sufrir, o que, sencillamente, nunca crecen, porque siguen atascados en el trauma de las ruedas de moler. No solo en su infancia. Es que aunque la hubieran sanado, ¡queda luego todo lo DEMÁS...!
Decía el joven: "Se habla mucho de concienciar acerca de los derechos de la infancia, y del cuidado de los ancianos, pero ¿quién se acuerda de nosotros? Somos ridiculizados y despreciados constantemente. Los adolescentes-jóvenes somos el auténtico cero a la izquierda en todas partes. Ni siquiera se nos representa en la cultura visual, ni se nos pone de modelo o referente porque se nos considera feos en muchos casos, y en los que no, entonces es porque se nos sexualiza y nos convierten en prematuros objetos de deseo de adultos con canas en su cabeza. Se desprecia constantemente nuestra etapa. Se dice que estamos tontos, que hacemos el burro, que somos "inmaduros", atrevidos, maleducados, inspoportables, trágicos, locos, rebeldes de manera estúpida.No se habla de nosotros con amor, con admiración, con respeto"
Finalmente el joven me dijo: "En tu esquema sobre la tribu-comunidad ideal, ése que se adivina en el libro "El Camino del Teleno", hablas mucho de proteger la maternidad y la infancia, y las Abuelas (la ancianidad) también están presentes. Pero nosotros no. Mi pregunta es: en esa sociedad ideal ¿vamos a vivir lo de siempre? ¿Va a ser nuestra situación la de siempre? ¿Vamos a estar ausentes del círculo donde se sientan las personas a decidir adónde van y qué hacen? ¿Tendremos voz, por fin...?"
Con esto me remató. Me lo preguntaba medio resignado (con hartura y derrotismo) medio desafiante (con un deje de esperanza en que, por fin, les "viera") Pero qué razón tenía. Y una comprensión nítida se formó en mi interior: Ellos "TENÍAN" que estar. El círculo soñado de la tribu ideal "debía" incluir a los adolescentes-jóvenes como "voz a ser consultada y tenida en cuenta". Personas de pleno derecho. Personas plenamente amadas, reconocidas, escuchadas.

¿Qué recuerdos tenemos de nuestra juventud? ¿Fue una juventud que nos permitió desplegar todo lo que eras en ese momento? ¿Sentiste que te tuvieron en cuenta para aquello que te afectaba en tu día a día?
Al final, todas las etapas de la vida tienen su peso y todas las memorias que se guardan de todas esas etapas nos conforman como personas. Las memorias traumáticas y dolorosas de esa época no suelen tenerse en cuenta sino que suelen tomarse como una etapa en la que el "adolescente" está como poseído por sus hormonas y todo lo saca de quicio. El problema es que a veces, hay un sufrimiento real y de tal magnitud que el dolor queda en nuestras células, impreso en nosotros y ni siquiera lo sabemos. Para solucionar nuestros traumas en la edad adulta nos vamos a la infancia, nos vamos al nacimiento, incluso a memorias de ancestros que podemos haber heredado y resulta que se nos olvida mirar en nuestra juventud sacrificada en aras de... en aras de algo que no elegimos y por lo que casi nunca nos consultaron o tuvieron en cuenta.
Los que tienen hijos se preocupan de procurarles una infancia feliz pero... ¿somos igual de cuidadosos con la adolescencia o la juventud de nuestros hijos? ¿Seremos capaces de dejar de verlos como hormonas andantes sin ningún valor y empezaremos a tenerlos en cuenta y a incluirlos en el Círculo Sagrado de la Vida?
Sin todos los miembros, el Círculo está incompleto y la energía se interrumpe y no puede transitar, de forma que el desequilibrio está servido y el Caos aparece sin remedio. 
Prestad atención a vuestros jóvenes, dadles su lugar y el Orden se re-establecerá.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Pierde el miedo a cambiar tu vida

M. llegó a consulta como casi el 80% de los pacientes, por problemas y dolor en su espalda. 
A M. la conozco hace tiempo, la traté años antes, cuando mi capacidad aún no había "despertado". Hacía muchos años que no la veía y me llamó recientemente para tratarse sus dolores habituales de espalda.
Hubo una primera sesión en la que sólo hubo tratamiento a nivel físico. Tenía la espalda fatal, la verdad, así que le dí una segunda cita para poder terminar de "arreglar" aquello.

En esa segunda sesión me manifestó que había pasado un poco de susto porque después de la primera sesión había pasado por un proceso muy malo. Dolores generalizados, como si estuviese con gripe, un cansancio horrible, mucho dolor de cabeza y un malestar tan fuerte que creyó haber tenido hasta fiebre.
He de decir que esto no es lo más frecuente pero hay pacientes que sí pasan por una "crisis curativa" de este pelo. Su cuerpo es muy reactivo (sobre todo si hace mucho tiempo que no se tratan) y lo pasan muy mal durante unos días, después de los cuales sí empiezan a sentir la mejoría. Ya digo que no es lo más frecuente, pero puede suceder. Y a M. le sucedió.

En la segunda sesión su musculatura y su sistema osteoarticular estaban mejor pero de pronto empecé a sentir muchísimo la zona de la boca del estómago. Había algo que quería "decir" el estómago, así que allí me fuí a "escuchar". Al colocar allí las manos una enorme angustia me invadió y la sensación de mucho miedo también. La zona del corazón empezó también a manifestarse pero había una diferencia. No era el corazón lo que quería hablar, era su glándula Timo (era la primera vez que la sentía).

Cuando me fui a "escuchar" al Timo empecé a crear el sentido de toda la información en mi mente: Había alguien, un hombre por el cual M. sentía mucho miendo, angustia y mucha sensación de sentirse desprotegida. Cuando en el paquete de información se revela la presencia de otra persona (hombre o mujer) intento sentir si es alguien mayor o joven y qué tipo de vínculo tiene con el paciente (algo que se asemeja a un padre, algo más fraternal, o un marido, etc). En esta ocasión percibía alguien "no mayor" pero no era capaz de sentir qué significaba o qué era esa persona en la vida de M. 

Así que le pregunté a M. si había alguien en su vida por quien sintiera todo eso... Podéis imaginar la reacción de M y la respuesta... Dolor, lágrimas y un marido, un maltratador psicológico, un perpetrador. Llamadlo como queráis pero hacía 9 años que M. vivía con alguien que la estaba machacando y por quien ella ya no sentía ningún amor.

Evidentemente esta información no era nueva para M. pero su cuerpo necesitaba hacerla consciente de que, o hacía algo o sus dolores e hinchazón de estómago iban a dejar de ser sólo dolores y empezarían a convertirse en una enfermedad manifestada. Sus zonas sensibles y susceptibles de enfermar eran el corazón y el estómago y M. debía empezar a ser consciente de que tenía que poner fin a esa situación o las consecuencias tanto físicas como emocionales empezarían a ser irreversibles para ella en un breve periodo de tiempo. De hecho, esta era la información más importante que M. debía conocer: La "prisa" que su cuerpo tenía por un cambio que era necesario en su vida YA. Debía tomar decisiones y hacerlas cuanto antes si no quería empezar a ser una persona enferma.



Había muchos escollos que ella veía, pero debía hacerse consciente de que eso sólo estaba en su cabeza. Que debía romper con esas creencias limitantes que la estaban impidiendo vivir en paz.  Debía hacerse consciente de que merecía ser feliz pero que a veces, hay que tomar decisiones, enfrentarse a situaciones que no van a ser agradables en pos de un bien mayor. 

Mi moraleja de esta historia es que ni los condicionamientos sociales, ni familiares, ni educacionales deben ser un freno para seguir por el camino que sentimos que debe ser para nosotros. Que no hay personas de las que dependamos para ser felices, que la felicidad o el mayor bienestar debemos luchar por procurárnoslo nosotros y que nadie, repito NADIE nos va a querer más de lo que nos queramos nosotros mismos. 

"Perded el miedo a ser felices y haceros reyes de vuestro propio reino porque sólo desde allí y con la Fuerza y el Coraje del Amor Propio podréis conquistar otros mundos".

jueves, 3 de noviembre de 2016

Teoría del "Camino" de la Enfermedad

A lo largo de mi experiencia profesional (hace casi 20 años que soy fisioterapeuta), he ido comprobando algo que menciono a lo largo de este blog en innumerables ocasiones, y es que el cuerpo guarda las memorias de todos aquellos impactos emocionales que no fueron resueltos o procesados de forma que pudieran ser trascendidos para evitar que nos enfermen.
Desde un simple catarro hasta enfermedades mucho más complicadas como puedan ser divertículos en el intestino o problemas cardíacos, por poner un par de ejemplos. Todas ellas tienen un origen muy probable en nuestras emociones. En sucesos de mayor o menor gravedad pero que cuya intensidad de "marca" depende de cómo lo hayamos vivido cada uno.
Vivir la vida tiene esto, experiencias que nos llevamos al cuerpo, buenas y malas. Y no hay que negarse ninguna porque de todas se puede sacar algo bueno, pero me doy cuenta de que en esta sociedad, en este país, en esta ciudad en la que vivo y en este momento de la historia se nos olvida cómo vivir. Y lo que me parece más importante, enseñar a nuestros hijos cómo hacerlo.
Esta entrada tiene la finalidad de explicar cómo veo yo, por mi experiencia y mis conocimientos, el proceso físico y fisiológico por el cual las emociones repercuten con tanta intensidad en nuestro cuerpo. Porque una cosa es que yo pueda "traducir" lo que una zona de un cuerpo quiere que se sepa, una emoción enquistada que necesita salir a la luz y otra muy distinta el proceso por el cual una emoción deriva en una enfermedad o patología.
Lo que voy a explicar aquí es mi teoría (explicada de forma global) sobre el "camino" que nace en una emoción o trauma no resuelto y su  final en una somatización de una enfermedad o patología. Esto que voy a exponer no deja de ser producto de mi experiencia. En esta teoría englobo mis conocimientos anatómicos, fisiológicos, osteopáticos, holísticos, energéticos e incluso chamánicos pero no hay un estudio científico que avale esto con mediciones o análisis bioquímicos, esto es sólo una teoría. Mi teoría.


Cuando nos vemos en una situación de gran impacto emocional que sube nuestros niveles de "estrés" (y hablo del estrés mantenido porque el estrés puntual es algo para lo que nuestro cuerpo sí está preparado), la respuesta física y bioquímica que tiene nuestro organismo es la de disparar y alterar los niveles y producciones normales de algunas hormonas como la Adrenalina, Noradrenalina, Cortisol, Serotonina, Acetilcolina, Endorfinas. No quiero convertir esto en un tochaco sobre bioquímica (porque además podéis encontrar el proceso en cualquier página por internet), pero lo que sí quiero decir es que la alteración de todas estas hormonas y neurotransmisores afectan a la funcionalidad celular de todo nuestro organismo. Además, empiezan a cambiar los niveles de Oxígeno en sangre, nuestro ritmo cardiaco, nuestra tensión tisular (musculoesquelética),... Por lo tanto, al cambiar todos estos niveles y mantenerlos en el tiempo, nuestras células, nuestros tejidos, nuestra sangre y vasos sanguíneos, nuestro sistema nervioso, etc empiezan a verse comprometidos en su funcionalidad.
Esto no pasaría de aquí si ese impacto emocional se solucionase, se procesase y todo volviera a la normalidad. Pero cuando existe un sufrimiento mantenido esto no ocurre.
En mi modo de ver el cuerpo, no puedo dejar de lado la visión osteopática, a través de la cual toda articulación (musculoesquelética, craneal o visceral) es susceptible de bloquearse alterando así la funcionalidad de las estructuras que componen esa articulación y también de estructuras a distancia, que a priori parecen no tener que ver.
De esta forma, cuando hay un impacto emocional no resuelto, una de las habituales estructuras que se afecta es la zona cardíaca. El pericardio para ser más exactos. El tejido que envuelve el corazón, por todos los cambios que he mencionado en el párrafo anterior, se retrae. De forma que, el corazón, se ve "atrapado" y "encogido" limitando su funcionalidad. Además, el tejido fascial al que el pericardio pertenece no tiene ni principio ni fin, de modo que su "encogimiento" puede afectar a zonas a distancia (como si coges de un extremo de la camiseta que llevas puesta y le haces un nudo. Entonces el nudo provoca tensión en el extremo opuesto por la tirantez del tejido que lo compone).
Bajo mi visión esto no siempre sucede así (aunque al final, el corazón es una estructura que sufre casi siempre pero puede que lo haga de forma secundaria) porque dependiendo de qué tipo de suceso haya acontecido el primer "nudo" puede darse en la zona genital, en la zona del estómago, la garganta o a nivel craneal.
Si os fijáis, esas zonas que acabo de dar como probables "nudos primarios" pertenecen a lo que se conocen como Chakras Primarios. Así tenemos que, según lo que nos haya pasado, muestro nudo primario se "encogerá" y provocará una serie de síntomas que variarán en función del nivel afectado porque cada uno de los chakras se relaciona con un tipo de emoción y nivel de nuestro ser.

También es importante decir que cuando un cuerpo revela una información, no necesariamente existe una patología o enfermedad. En muchas ocasiones el paciente simplemente tiene un dolor, un malestar que aunque acude a su médico y éste le hace pruebas, en éstas no sale nada. Y los pacientes no entienden qué les pasa y se desesperan porque ellos se sienten mal pero la medicina tradicional no les da un diagnóstico ni una solución (porque además la medicina occidental sólo trata a nivel sintomático olvidándose del origen de lo que le pasa al paciente).

Cuando estoy con un paciente, la zona de su cuerpo que se manifiesta como zona que quiere "hablar" no necesariamente es una zona o estructura que está lesionada o tiene una patología o enfermedad.
Desconozco el mecanismo por el cual el cuerpo que me habla lo hace desde un pie, desde el estómago o desde la cabeza. Sólo se que gracias a abrirme a "escucharlo" se revelan datos, información y acontecimientos sobre los que hay que llevar consciencia. Hay que traerlos a la mente y a la psique del paciente para que, al hacerlos conscientes puedan ir a la raíz de su problema actual y empezar a desenmarañar y a tirar del hilo que necesita ser atendido.






miércoles, 2 de noviembre de 2016

La importancia del duelo por la pérdida

Hace ya tiempo recuerdo a una paciente que llegó a la consulta y a la que llamaré P. 
P. llegó a la consulta por un problema con el sistema de drenaje linfático en sus piernas. Éstas se le hinchaban mucho porque había desarrollado un problema en los ganglios de sus ingles y su sistema linfático no drenaba bien los desechos que allí se acumulaban. 
Después de unas cuantas sesiones de drenaje linfático manual P. mejoró y quiso que la tratase de los dolores que también sentía en su espalda. A esto además se le añadían problemas de tipo digestivo y visceral (algo complicados pero que no voy a relatar por intimidad), dolores de cabeza y malestar y cansancio general. P. tenía unos cincuentaypocos y su trabajo tampoco era especialmente duro físicamente.
En una de las sesiones en las que estábamos con sus problemas viscerales sentí cómo su bajo vientre (no distinguía bien si era la vegiga o la zona genital) quería "hablar". Así que como habitualmente hago, puse allí las manos y esperé a que lo que se quería manifestar, lo hiciera.
Rápidamente llegó a mi la palabra "Aborto"... Yo misma me sorprendí pero aquella sensación era clara y además el hecho de que había sido de una niña también.
Cuando el cuerpo habla doy por hecho que es necesario que la persona sepa lo que se está queriendo manifestar así que intenté ser muy delicada y cuidadosa con aquello pero no me quedó más remedio que preguntarle a P. si había pasado por algún aborto.
Entonces... bueno, entonces P., por un instante, me miró con los ojos desencajados y seguidamente rompió en llanto. Era un llanto tan profundo y que liberaba tanto dolor que estuve sosteniéndola todo el tiempo que quiso llorar hasta que pudo articular palabras de nuevo.
No voy a transcribir aquí aquella conversación pero sí puedo contaros un resumen de la historia que fue.
Unos veinticinco años antes P. intentó tener hijos pero le costó muchísimo. Finalmente lo consiguió y estando de cinco meses (de una niña) se sometió a una amniocentesis que terminó con un triste final. Aquella prueba le provocó la muerte al bebé que tanto esperaban P. y su marido.
Tuvo que expulsar a su hija no nacida a través de un parto provocado y desde aquel momento P., que no pudo ni mirarla cuando nació, nunca más habló de aquel suceso, ni de su hija, ni de su dolor, ni de nada que tuviera que ver con ello ni con su marido ni con apenas nadie (solo en alguna contada ocasión con una hermana y sin tocar mucho el tema por el dolor que le suponía hablarlo). Y así habían pasado más de veinte años.
P. hizo un ejercicio de memoria y recordó que a raíz de aquello, al poco tiempo, empezaron a aparecer la serie de problemas de salud que tenía y algunos de lo que la habían traído hasta mi consulta como fisioterapeuta.
P. no había hecho el duelo por su hija no nacida. Ni siquiera le había dado un adiós, ni un lugar en su corazón porque colocarla allí le provocaba un dolor inmenso. Así que hablamos de cómo podía hacerlo, de cómo debía hacer el duelo por aquella hija que tuvo en su vientre durante cinco meses y que había perdido de forma tristísima. 
A raíz de aquello puedo decir que el semblante de P. era otro. Su rostro de alguna forma se relajó gracias a ser capaz de acoger en su corazón aquello que sucedió y su mejora empezó a ser más notable. Muchos de sus problemas eran tan antiguos que ya no eran reversibles, pero su ánimo y su interior cambiaron.
Este caso fue uno de los que más me impactó porque me hizo enfrentarme a una realidad que está ahí, y de la que hablaré en otra entrada como son los abortos y las consecuencias del (no)duelo por aquellos que hemos perdido. Duelos no resueltos que se enquistan en nuestras células y que nos convierten en muertos vivientes que siguen al ser que se ha marchado en lugar de mirar hacia la Vida que aún nos queda por Vivir.

sábado, 22 de octubre de 2016

Tocar cuerpos, tocas memorias

Por todos es sabido que las emociones afectan a nuestro cuerpo físico. Existen millones de artículos que nos hablan de la somatización de los estados emocionales negativos prolongados en el tiempo. El estrés es un claro ejemplo. Cuando los niveles de estrés suben, el cuerpo sufre cambios bioquímicos que nos provocan taquicardias, dolores de cabeza, problemas de estómago, úlceras, alteraciones intestinales, de la piel, etc...
Así que de esta forma nos damos cuenta cómo el exterior influye en nuestro interior físico y de cómo podemos enfermar por culpa de no hacer caso de las emociones que mantenemos sin casi darnos cuenta.
El caso es que a veces se llevan en el cuerpo memorias de emociones no resueltas que ni siquiera sabemos.

A veces crees que "escuchando" el cuerpo puedes averiguar qué emociones son las que están ahí. Pero a veces también sucede al revés.
A veces sucede que, sin querer, cuando el terapeuta toca o manipula determinadas zonas de tu cuerpo empiezan a surgir y empiezas a sentir emociones que no esperabas.
Y eso es lo que me ha sucedido a mí misma hace poco. Dicen que "en casa del herrero cuchillo de palo" y, al menos en mi caso, es cierto. Tengo una lesión muy antigua que por no hacerle caso ha creado compensaciones en determinadas zonas de mi cuerpo. Ayer, cuando mi fisioterapeuta me trató una de ellas, conecté con una memoria, con un sentimiento y emoción de desamparo que no sabía que estaba ahí.
Ahora me toca tirar del hilo y empezar a desenredar el "nudo" que mi compañero sacó ayer (sin saberlo). 
Así que le doy gracias porque esto me ha recordado que yo también debo ocuparme de mí. Que el camino no termina para ninguno y que cada piedra que sacas de la mochila sirve para caminar más ligero, más seguro y también con un poco más de Paz en la Vida.

miércoles, 12 de octubre de 2016

El Campo de Escucha

"¿Alguna vez os habéis planteado si sabéis escuchar?
Y no nos referimos a escuchar con las orejas y los oídos. Que también.
No sólo se "escucha" con los sentidos físicos que conocéis. 
Hay mucha más información si se escucha desde otro lugar.
¿Y qué otro lugar? Os preguntaréis...
No sois sólo cuerpo, no sois sólo materia dirigida por una mente pensante y un cerebro.
¿No sabíais esto?
Pues ya es hora de que os vaya sonando que a la materia de la que estáis hechos hay que añadirle un campo. El Campo. Aquello que está irremediablemente ligado a La Unidad.
Es importante saber escuchar desde el Campo porque sólo así se podrá manifestar aquello que espera ser manifestado.
Hasta que lo que espera ser manifestado no salga a la luz, no podrá ser sanado, reparado, transmutado y trascendido.
Por eso es tan importante aprender el Arte de Saber Escuchar-OS."